El siguiente texto, basado en el texto del mismo nombre, del M. Arq. Miguel Hierro Gómez, el cual nos presenta un acercamiento teórico, ya que en varios otros escritos hemos discutido la cuestión práctica del diseño arquitectónico y su proceso.
El campo del diseño: Debemos considerar, que el diseño si consideramos sus fundamentos y cómo está determinado, podemos ponderar su finalidad reinterpretando las palabras de Vittorio Gregotti, en El territorio de la arquitectura; así: “el saber arquitectónico, trabaja como objetivo principal la concretación del hábitat humano; eso es la arquitectura, que dichos procesos que ordenan el fin de el habitar, constituyen la operación proyectual.”
Esto nos lleva a considerar que el actuar arquitectónico, con sus consecuencias y resultados que se producen se da en el campo del mundo habitable. Este habitar, es modificado y configurado por la construcción de objetos habitables, el ambiente y el entorno que será habitado. Se nos propone que esta disciplina, se esfuerza por mostrar una solución figurativa donde las características y circunstancias del habitar humano se expresa en ese entorno habitable que se ha diseñado. Esto nos indica que la razón del diseño como determinante del proceso proyectual, procede del uso que se le dará y el ámbito edificable y cómo es previsto y posibilitado.
Podemos decir que es un proceso consciente: 1) Alguien exige/demanda la fabricación de un objeto. 2) Alguien más define los propósitos de producción. 3) Alguien interviene y analiza si es posible y edificable. 4) Esta forma es representada gráficamente de manera que sea entendible y construible. 5) Alguien más o quien demanda, habita el producto construido.
Por lo tanto el diseño arquitectónico tiene como parte de su proceso no solo su producción sino su materialización como objeto habitable. Y quienes producen estos elementos arquitectónicos, al ser modificados sus procesos productivos, no son necesariamente personas relacionadas con el ámbito arquitectónico, como lo menciona Oriol Bohigas en, Contra una arquitectura adjetivada.
La práctica proyectual, un objeto de estudio: Se debe considerar, pues, que la práctica del arquitecto es un motivo de conocimiento que debe ser estudiado particularmente. Entonces comprenderemos que las reflexiones de ella, nos den a entender la manera de actuar del diseñador, sobre su ejercicio práctico y así efectuar un análisis basado en el proceso de diseño y no en los resultados obtenidos del mismo.
No se tiene como objetivo el analizar el diseño con el afán de encontrar un sentido “oculto” que es lo que se podría entender, sino poder hacer un análisis de la práctica y encontrar sus rasgos característicos; de tal manera que se pueda identificar la naturaleza de materiales con que trabaja, y la racionalidad con la que se comporta el proceso de diseño y su manifestación formal.
Entonces podemos decir que la práctica del diseño, puede identificarse mediante la actuación del diseñador, no solo mediante el resultado de su trabajo, sino también mediante el análisis de su proceso. Ya que, son resultado de un trabajo particular, concreto y complejo, que no se puede obtener de manera diferente, sin explicar cómo se elabora, y cómo se desarrolla. Quizá esto nos lleve a un entendimiento de la asimilación de la realidad arquitectónica y a su posible enseñanza.
El sentido, estructura y finalidad del hacer proyectual
“Lo que determina e identifica el significado, de una obra de arquitectura, -aún cuando se trate de diversas interpretaciones sobre éste, pues ninguna obra arquitectónica tiene realmente un sólo significado- es su maleabilidad, su forma de ser para, y por tanto, no debe buscarse en algo distinto de lo que ella misma indica o nos trasmite.” [Vittorio Gregotti, Los materiales de la arquitectura]
Entonces podemos decir; que la posibilidad de materializarse, y lo útil de los objetos diseñados, como su razón de ser, nos refieren al objeto arquitectónico como habitable. Lo habitable como antecedente de todo proyecto; la producción de lugares a manera de objetos en los cuales regulamos nuestra estancia. Esto hace inseparable la idea de proyectar para construir.
La primera condición del objeto resultante, puede obedecer al deseo de quien demanda su concepción, en el cual lleva el modo de habitar; por eso, a manera teórica se trata de resolver en el ejercicio proyectual el cómo se realiza ese proceso, y en qué consiste. De ahí podríamos derivar actitudes, enseñables. No cómo pensamos que es, sino cómo pensamos a través de este y como vivimos esa realidad.
Entonces, ¿Qué se modifica en el proceso de diseño? Podemos pensar que es el objeto arquitectónico, pero en sí, se persigue la transformación de la expresión del objeto, su figura que será representada en el proyecto. Esto a través de materiales que definen su condición arquitectónica, y que son característicos del trabajo de proyectacón.
Por otro lado, el proceso proyectual, es diferente, por ejemplo, a los procesos de conocimiento, -con los que comúnmente se pretende identificar-, precisamente, porque la sustancia o materia con la que se realiza es de naturaleza claramente diferenciada. Su lógica, se refiere al manejo de los materiales proyectuales que son constituidos por todos aquellos factores condicionantes de la forma, que definen, las relaciones con el contexto y su expresión lingüística, o cualquier otro aspecto que actúe en el campo de la definición formal. Por ello, esta relacionada con la transformación de las imágenes proyectuales del objeto arquitectónico, en donde la intencionalidad formal (lingüística y expresiva) del habitar va estableciendo un marco de referencia desde el cual se orientan y dan sentido a las acciones del ejercicio de la proyectación.
La caracterización del proceso. La condición figurativa del diseño: Concluyendo, el proyecto no define la diferencia de que debe ser hecho nuevo, relacionándose con lo ajeno. Trabaja con el orden figurativo que se le da al objeto, y trata de comunicar a través del mismo objeto. Esto aunado con su constructibilidad, relaciona al objeto con lo que fue demandado para su realización, todo esto dependiendo de su relación con el entorno cultural, y social en el que se desarrolla y con el contexto histórico en el cual se desempeña el diseñador.
Uno debe estar consciente que el proyecto arquitectónico, no es arquitectura. Sino un conjunto de símbolos que nos permiten transmitir una propuesta proyectual. Por lo tanto esta propuesta debe transmitirse mediante expresiones representativas para definir su intención y lograr materializarse.
Su desarrollo, se trata del establecimiento de un orden, de relaciones formales que constituye la propia manera de ordenar del diseño, en el que se coordinan en sistema los propios sistemas participantes y los diversos niveles constitutivos del material arquitectónico, cuya naturaleza y relación. Así, la forma arquitectónica de una acción habitable es la manera en que están dispuestos los componentes arquitectónicos en el objeto, pero también el poder comunicar o transmitir aquella disposición. Considerando que tal comunicación se produce a través no de la forma como totalidad, sino de lo que se percibe de ella a través de la figura.
Nuestro problema, por el contrario, reside en llegar a reconocer su racionalidad específica. Con todo, al asumir que la actividad proyectual se realiza en un campo de acción específico, fundamentalmente, de carácter lingüístico y figurativo y que este campo se encuentra lleno de interferencias por su condición dentro del proceso de la producción arquitectónica, implica haber realizado solamente un intento o una aproximación para identificar la caracterización del ámbito de elaboración de las actividades proyectuales y las condiciones a que esta sometido su ejercicio como la base para lograr su entendimiento y su explicación.
Puede parecer un tanto obvia la afirmación de que el objetivo final del diseño arquitectónico, es la forma de un objeto con capacidades de materializarse, esto además de que dicho objeto tenga la propiedad de ser habitable. Pero se debe comprender, que la propia finalidad del diseño, es la de posibilitar y prever la edificación, y que esto solo es parte de las condiciones fundamentales del ejercicio proyectual del arquitecto.
Según el arquitecto Miguel Hierro, las acciones arquitectónicas son caracterizadas por tres condiciones: lo habitable, lo edificable y lo estético. Esto nos define la finalidad, o la razón de ser por el cual tiene sentido la práctica arquitectónica; y a su vez nos da a entender que el ser humano a pesar de necesitar elementos edificables y útiles para desempeñar actividades, necesitan que dichos elementos los provean de un sentido de propiedad, humanizar esa materialización de ideas.
Tomando como ejemplo a Adolfo Sánchez Vázquez (hablando de la praxis), se puede complementar que, tiene como fin la transformación real, objetiva de la naturaleza, la sociedad y del hombre mismo, transformación que responde a una determinada necesidad humana. La praxis como actividad productiva, objetiva y subjetiva al transformar la naturaleza crea un mundo de objetos humanos o humanizados, es decir humaniza la naturaleza a la vez que crea un mundo que ya no es el mundo de la naturaleza si no es el mundo del hombre.
Pero volvamos al objeto arquitectónico en particular, el cual se plantea así para cumplir la finalidad social, esto siempre significará la manera en que la finalidad es interpretada a través de la configuración del contexto donde son ubicados los objetos. Estas acciones proyectuales que el arquitecto realiza, relacionan y conectan lo que se demanda del objeto a edificarse y una interpretación figurativa, del orden y la definición de dicha figura; lo que llamamos también algunos como composición.
No podría estar más de acuerdo con Oriol Bohigas de quien, parafraseando, indica que el diseño no solo es el resultado del consumismo, sino que es el logro de una propuesta nueva, de la actitud imaginativa; donde se ve en el objeto bien diseñado una resuelta hipótesis de habitabilidad y forma, la cual el arquitecto ha sabido plantearse, no solo con una solución inmediata sino con un estudio particular del problema de diseño que se presenta. Estas series de hipótesis son el resultado del juego de la experiencia y la intuición que forman al diseñador.
En este camino para lograr entender a los objetos arquitectónicos, sigue la insistencia de saber cómo es que se diseña, que solamente mediante métodos se encontrará la actitud avanzada del diseñador; que a mi parecer es ridículo querer establecer una sistematización, ya sea mediante etapas de trabajo o investigación, de lo creativo a lo ejecutivo; a un proceso de diseño que es particular a cada ejercicio proyectual.
Creo que depende de la postura que tiene el diseñador con respecto a la forma, la manera en la que formula esas hipótesis figurativas y en como las jerarquiza para resolver un problema de diseño, los materiales y el lenguaje formal que pretende utilizarse en cada caso particular; lo que conforma ese proceso proyectual, más que un método. Es la relación entre la ideología y el lenguaje para expresarla.
Y por supuesto, si consideramos a estos aspectos, la actitud del diseñador con la que presenta los hechos arquitectónicos y urbanos, en los cuales su problemática de diseño se presenta más unida al contexto, nos fundamenta para determinar una condición figurativa del objeto proyectado.
Pero nos falta añadir aún, que dicha actitud del diseñador, tiene un papel que es decisivo al momento de definir la forma, la cual queda incorporada a la finalidad de la actividad proyectual con la que se puede actuar de manera imaginativa para elaborar propuestas arquitectónicas más allá de los datos proporcionados inicialmente.
Este análisis de datos, nos proporcionan las circunstancias, las actividades que se realizarán en aquel objeto arquitectónico, y nos influirán en la jerarquización de materiales que utilizaremos en el ejercicio proyectual. De esto podemos plantear consideraciones finales que caracterizan este proceso de diseño: la interpretación jerarquizada de datos , y el proceso de “salto al vacío”.
Con lo primero, no me refiero al tan desgastado “programa de necesidades” que tanto insisten en inculcarnos, se refiere a interpretar las circunstancias que caracterizan al proyecto, sus actividades, su propósito y generar una serie de hipótesis que satisfagan esos datos que nos son proporcionados y a su vez son propuestos por el diseñador, dada su experiencia e intuición.
Se trata de dar una respuesta a través de las propuestas formuladas por el diálogo de conceptos organizados por las actividades sociales del habitar, que dan forma no a ese “programa de necesidades” sino a la materialización de un objeto de características habitables y estéticas que forman parte del contexto social humano.
En cuanto al segundo punto; es derivado de la primera, este salto al vacío, que parece una dificultad de aceptación y validación de las interpretaciones conceptuales, es la concretación de este diálogo de conceptos que se postulan como propuesta edificatoria. El salto al vacío no es más que la respuesta de la experiencia proyectual, que nos ayuda a la relaboración crítica de los datos, en función de la concepción de una o varias hipótesis de trabajo de diseño.
En conclusión, como el título de este escrito lo dicta y si me dejan agregar: El propósito final del diseño… está basado en la definición y la interpretación (o reinterpretación) del entorno físico habitable. Es esa la razón por la que se lleva a cabo, y para entenderlo uno como diseñador debe identificar su naturaleza y el sentido interpretativo de sus acciones.
“En un buen diseño, es precisamente la posibilidad de incidir imaginativamente en unas propuestas culturales y ambientales a través de la figura arquitectónica lo que produce su valor social, identificando así, en la condición interpretativa del hecho proyectual, lo que le da su sentido y finalidad.” [M.A. Miguel Hierro Gómez]
Sobre el concepto de arquitectura
Es común, que en el ámbito académico; a través de los libros revistas, talleres de proyectos, conferencias y todo lo relacionado con la enseñanza de la arquitectura o de lo arquitectónico, se consideren conceptos que explique a la arquitectura como algo ahistórico; esto provocado por la errónea creencia de que la práctica humana, así como las ciencias; no cambian a través del tiempo y eso las hace víctimas de una explicación mediante un concepto que “describe su hacer”.
Entonces con esta breve introducción podemos asumir que entrar en el tema de entender la noción de lugar en la arquitectura no es más que iniciar en una problemática de entendimiento, y que para lograr plantear una explicación hay que preguntarnos en diferentes ámbitos lo que entendemos por lugar y cómo llegar a su relación con la arquitectura.
Las preguntas, “lógicas” podrían ser ¿Qué es un lugar o el lugar? ¿Qué es la arquitectura? Que aunque son preguntas simples a simple vista nos abren un campo amplio para explicar un todo, que tal vez nos confunda y nos aleje más de nuestro objetivo principal, para que esto no suceda debemos hacer preguntas correctas para obtener así respuestas correctas. Según Fernando Tudela; al hacernos esta pregunta viciada de origen y sin sentido, caemos en la suposición de la atemporalidad y permanencia universal de la arquitectura.
El actuar arquitectónico ha cambiado, eso es realidad, y basta considerar que como menciona Marina Waisman, los objetos que hoy consideramos arquitectónicos no eran reputados como tales en el s. XIX ya que no correspondían ni al grupo profesional ni a las tipologías consideradas como tales. Es imposible establecer los límites disciplinarios, en cuanto al saber arquitectónico, ya que se conforma de la actuación presente ante las urgencias de los problemas en su horizonte de pensamiento.
El surgimiento de la noción de lugar
Con la interpretación de la noción de lugar y espacio, ocurre la misma problemática causada por ese sentido de ahistoricidad en sus términos, asumiendo que su existencia siempre ha sido para fundamentar a lo arquitectónico, sin incorporar otras disciplinas, como si la arquitectura fuera soberana del espacio y lugar.
Por eso estoy de acuerdo con la idea de que plantear una definición concreta de lo que es el lugar y el espacio es errónea, ya que solo dejarían huecos sin contestar dentro de su misma explicación, pero no concuerdo en que esas definiciones sean inútiles, ya que pienso pueden ayudarnos a encaminar nuestra búsqueda para interpretarlos en el campo de estudio que nos interese abordar. Lo que es claro, en este punto, es recalcar que los términos de espacio y lugar pueden ser considerados por otras disciplinas y no querer manejarlas como propias de la arquitectura.
Es posible, si ponemos un poco en duda lo que dice Sola Morales; que después de la Segunda Guerra Mundial, la arquitectura se despliega hacia la crítica del carácter abstracto del espacio, y del origen inventado de las experiencias espaciales que la arquitectura proponía en el momento. Donde nos habla de un cambio de percepción dada por la fenomenología hursseliana, y nos exige volver a las cosas mismas.
Donde Sola Morales define: “La tarea de la arquitectura es la de edificar lugares para el habitar. De la misma manera que no hay esencias universales, sino existencias históricas, particulares y concretas, tampoco hay espacios elaborados in vitro, experimentos de tipo general.” Esto nos ilustra de un rechazo a generalizar la arquitectura, a lo abstracto y nos hace ver que la práctica arquitectónica (así es como lo interpreto) no solo pretende generar un objeto sino de vaciar las experiencias temporo-espaciales, y hacerlas habitables.
Cabe mencionar, aunque ya lo hayan hecho en otros escritos, que los conceptos de espacio y lugar, de los cuales no hay una distinción clara entre ellos ya que ambos abordan un tema común; que es su relación con la arquitectura y la realidad física del mundo, y porque la búsqueda de una esencia a través de definiciones no nos deja nada. Así mismo ambos son medidos con relación el uno del otro, por lo que no pueden ser opuestos. Y aun así vemos que tratamos de contenerlos haciendo del lugar algo específico y el espacio algo abstracto y general.
El fenómeno del lugar
Entrar al estudio de la fenomenología e intentar entender la noción del lugar, debe hacerse con cautela, abarcando lo socio-físico y cultural; ya que si lo podemos plantear de alguna forma, es aceptar que este mundo está lleno de objetos, los cuales se relacionan entre sí para entenderse mutuamente, y al ser humano lo podemos ubicar como un objeto peculiar dentro de otros objetos; ahora bien nos podemos preguntar ¿En qué consiste la vida de este objeto o su conciencia que lo haga representante de los demás objetos? ¿Este objeto “humano” tiene alguna propiedad particular que lo distinga?
Podemos ver entonces que el habitar, o los modos del acto de habitar llevan en sí mismos una relación con el lugar. O como dice Heidegger en construir, habitar, pensar: “Las cosas como lugares, se llaman así, porque están producidas por el construir que erige y, eran solo, si consideramos la esencia de aquellas cosas, que en sí mismas, exigen para su producción, el construir como producir.”
Me agrada la interpretación que proponen los biólogos chilenos Maturana y Varela, en El árbol del conocimiento, expresando: “La doble e ineludible corporeidad, con la que contamos, como estructura experimental vivida y como contexto de la cognición señalan que NO estamos separados de ese mundo, por conocer, sino que cada acto de conocimiento de hecho, produce un mundo.” Eso puedo interpretarlo a manera que somos un todo, que produce a través del conocimiento y las experiencias que lo provocan, nuevas alternativas de conocimiento que pueden ser transmitidas a otros y a su vez tomar conocimiento nuevo que altere aquél que hemos generado mediante la experiencia vivida en este mundo.
Concluyo parafraseando al arquitecto Miguel Hierro; el lugar y el habitar, o viceversa, están juntamente presentes aunque son definidos por las condiciones (ya sean socio-económicas, culturales, históricas, etc.) de los sujetos que las habitan, que a su vez generan una forma cultural de las mismas. Y es así como es que la conformación de lugares y su forma de habitar son variables, por el solo hecho de construir una permanencia en el mundo y habitarlo.
Para este escrito debemos saber qué entendemos por habitabilidad, siendo ésta la cualidad de lo habitable del ambiente; parte de los términos habitar y hábito; y entendemos que es la indistinta calidad de interioridad y exterioridad, es donde se puede permanecer vivo; referente al lugar y el entorno donde se aloja. Es donde lo sedentario vence a lo nómada.
Tiene su origen en el mismo primitivo ser humano y su necesidad espacial para que el entorno no fuera un riesgo para su pervivencia, ahora ha pasado al requerimiento diverso, urbano y racional, donde el bienestar, y hasta la representación social y el lujo forman parte de ella. No quiero referirla explícitamente a la calidad del espacio físico, sino también a la cultura que forma parte cualitativa de la espacialidad y cómo lo afecta.
La habitabilidad debe entenderse también como cualidad del hábitat ya que forma parte del escenario donde se desarrolla el ser humano; a la cultura, porque incluye y mezcla las condiciones del ámbito físico natural y que afecta la permanencia y hasta la estructura del comportamiento espacial; otra cualidad es la del ambiente, ya que reúne a la vivienda y la cultura y atiende las demandas de identidad y permanencia. Podemos ver a la habitabilidad como cualidad de la espacialidad urbana donde podemos ver cómo se incluye a todo el conjunto social en su escenario natural y cultural.
La espacialidad urbana por una parte se refiere a una exterior pública, y a una interior privada; de donde podemos ver que surge la experiencia humana del uso y la apropiación del suelo y la espacialidad del entorno, el cual lo identifica como el lugar que lo detiene. En el sentido de lo urbano un rasgo muy curioso de la habitabilidad es el de producir, mientras contempla la demanda colectiva, la socialización y hasta la aglomeración de personas.
Actualmente, el llamado espacio público es algo que debemos estudiar y revisar a fondo, ya que es concebido de manera exclusiva; es decir, se percibe como vía pública donde hasta la fecha solo prevalece la presencia agresiva del vehículo motorizado. De la misma manera, debemos saber que el espacio público es normado, de manera que beneficie no a la espacialidad urbana sino a unos cuantos.
Nuestra espacialidad pública, no atiende las necesidades comunitarias, como la socialización, culturización, ni el juego o la recreación. Y eso nos hace darnos cuenta que todo esta sujeto a los modelos económicos de explotación mercantil, es decir, nuestras espacialidades públicas las conciben como espacios abiertos, de propiedad privada; y hacen que la libertad de uso colectivo y de determinación participativa se deforme y degrade la espacialidad urbana.
Este modelo actual hace que nuestros espacios, lo que alguna vez fuera urbano público, se comercialice ante la propiedad privada donde se instalan, cines, restaurantes, plazas, museos y hasta zonas patrimoniales. Es de cuestionarnos si la habitabilidad de la espacialidad pública y su imagen es generadora de los valores de cambio en el contexto urbano.
Quiero decir, que no solamente se refiere a una disposición objetiva y utilitaria de las necesidades colectivas; sino también se refiere a la imagen, a esa espacialidad, y que responda a una demanda de uso y función social, y que a su vez genere una alternativa de identidad, una actitud de apropiación colectiva, que sea congruente con la economía urbana.
Nuestra espacialidad urbana, crece sin límite alguno, antes digamos que fue habitable en su tiempo, ya que ahora se ve desestructurada; sin forma, sin orden alguno, vandalizada y en deterioro y abandono. La abstracción del paisaje urbano es inminente, y el entorno natural desaparece frente a la macha urbana, ¿así debería ser su habitabilidad? ¿Abstracta? ¿Sin orden?
Una de las causas por las que no es posible encontrarle un orden, a esta espacialidad, es la contaminación visual, ya que se manifiesta en los escasos espacios abiertos; lo cual nos da la impresión de ser invadidos por la publicidad comercial, que nos seduce de forma extraña, que provoca una interpretación colectiva distinta de esta espacialidad; provocando la confusión. Esto nos representa la fragilidad social y su deterioro desmesurado, donde las percepciones son deformadas y no se atiende a la demanda de comunicación urbana. Se invade la privacidad ciudadana y que solo alienta a la libido metropolitana; ajena a la comprensión de la habitabilidad de la espacialidad urbana; que nos lleva a la degradación crónica de la espacialidad y nos produce inhabitabilidad.
Es así que la producción de la espacialidad en la ciudad y como percibimos su imagen responde a una incontable serie de interacciones con jerarquías variadas, la cual está en constante uso y crece de manera incontrolable y se mezcla, conserva y se altera y destruye, de igual manera sus habitantes influyen en su imagen al igual que los que dominan el capital, creando un entorno físico que debe ser revisado detenidamente.
De esta manera concluyo en que NO podemos considerar el tema de la ciudad por si misma, sino que debemos abordar la experiencia de la espacialidad en la exterioridad que hemos vivido, y así poder entenderla en su complejidad y en su habitabilidad. Nuestra ciudad, que a pesar de que muchos nacimos fuera de ella nos hemos apropiado de ella, es un conjunto de interrelaciones humanas, donde la socialización es heterogénea y que al alojar una inequidad económica y cultural inimaginable, nos acerca a su inmensa territorialidad de una manera difícil de comprender y a su vez de describir.
Dado lo anterior, nos queda la cuestión. ¿Es, así, nuestra ciudad, una ciudad habitable? En ella ¿Qué entendemos por espacialmente habitable? ¿Qué función desempeña lo público de esa espacialidad? ¿Las características de esa espacialidad y su imagen pueden ser evaluadas y mejoradas? ¿Quién normaliza estos cambios que se generan?…
El siguiente ensayo, basado en las notas de avance de investigación del Arq. Héctor García Olvera, más que despejar dudas acerca de lo que expresa el título, es probable que nos haga cuestionarnos un poco (o mucho que pareciera ser la intención) acerca de los conceptos que como arquitectos manejamos con respecto al espacio, la habitabilidad y la experiencia de lo espacial.
1. Sobre el entendimiento del entendimiento del espacio al diseñar
Es común que en referencia al problema que existe en la didáctica del diseño arquitectónico, y más enfocado a los Talleres de Arquitectura, que existe un adiestramiento que comienza con la práctica y el simple hecho de ejercer, que condiciona al practicante a que se genere a sí mismo una ilusión de que entiende el tan denominado espacio, que por haber tenido la experiencia de lo espacial; que realmente se refiere al conjunto de conocimientos que nos ayudan a ordenar a la ubicación espacial de nuestras actividades cotidianas.
En ese proceso que podemos llamar perceptivo es donde debemos hacer transitar la vinculación sensorial primaria y natural con la realidad del entorno; y tener una conciencia crítica de nuestro proceso de diseño para empezar a comprender lo espacial, y así poder proceder a interpretar los conceptos proyectivos con respecto a una particular espacialidad, tal que pudiera ser solucionada o concretada mediante una madura construcción mental que a su vez genere un conjunto de símbolos y representaciones en referencia de lo espacial del objeto mediante una concepción que puede ser materializada y genere pueda ser convenientemente usable, y fundamentalmente habitable.
2. Del concepto de espacio, la pervivencia y lo espacial
¿Pero es así de sencillo? Por supuesto que no, ya que cargamos en nosotros la imposición de una idea protagónica, una intensa presencia que se nombra como espacio, y con justa razón si de manera cotidiana oímos decir con ligereza que la tarea principal del arquitecto diseñador es la creación plena del espacio, y de igual manera que abundantemente escuchemos sobre lo espacial en el sentido de su ubicación territorial y trate de abarcar tan complejo y variable concepto.
Entonces podemos ubicarnos en la problemática de la producción arquitectónica, la cual se ha supuesto que el espacio viene con la idea de crear algo necesario, quiere decir que se crea a sí mismo y puede permanecer así. De la misma manera podemos observar que se hace una cercanía entre ambiente y espacio, la ambientalidad y lo espacial o si lo queremos poner de la siguiente manera, nos hacen crear identidad entre la idea primitiva del espacio y la compleja idea de la habitabilidad en el sentido de permanencia y pervivencia de lo vivo del ser humano.
3. De lo espacial como experiencia del espacio
Entonces ya podemos empezar a pensar en el espacio, el cual esta sujeto a la interpretación de la experiencia que se haya tenido en él; y que, el haber estado en él también implica la consideración de cómo haberlo hecho, en donde incluimos el desempeño de las actividades humanas, sus percepciones, sensaciones y comportamientos, todo eso atribuido al concepto de lo espacial, en donde también le agregamos las propiedades, atributos y la ubicación de los objetos concretos con los que ese ser humano se situa, es decir en la exterioridad o interioridad de lo que creemos es lo espacial; todo ellos interpretando con la senso-percepción que nos da específicamente la experiencia.
4. De la noción variante del espacio y lo espacial
Por lo tanto, las nociones del espacio y lo espacial son producto de elementales y antiguas experiencias o de una leve experiencia de Habitabilidad, manifestándose en la huella misma de la experiencia y que en ella ha influido la presencia física del ser humano, siendo ésta la interpretación final cognoscitiva y cultural del lugar en que se construye; y en el sentido propio de lo espacial nos hace diferencia entre el de enfrente, el más allá y el detrás; el de dentro, el aquí y el para abajo.
5. De la experiencia y las características de lo espacial
Tal vez suene repetitivo, pero este tema es un ir y venir de conceptos que nos hacen preguntarnos si realmente sabemos los términos que manejamos en los talleres de arquitectura, y es importante tomar nota también que la noción o concepto de espacio y lo espacial como lo mencioné antes, se desprende de antiguas experiencias que son desenvueltas por la vida humana, ahora bien, dentro de esta conceptualización de la experiencia de lo espacial; podemos incluir ya la experiencia humana como parte fundamental ya que naturalmente es espacial.
Esta noción inicial refuerza, a través de situaciones sensibles, repetibles y uniformes; a la capacidad de entendimiento. Esta misma contiene un sensible manera de entender el entendimiento y que procede de una intensa, durable y sucesiva sensación y leve percepción espacial interpretadora. Más que una intuición sensible, la experiencia debe ser progresiva y no un recurso de la razón; esto lo remitimos al sentido de experiencia proyectiva, a la noción de vivencia espacial del ser humano y por lo tanto a la validez del entendimiento de su entendimiento.
6. De lo temporal, el espacio y la noción de lo espacial
Ya entrados en materia, y aunque no parezca a simple vista, los temas del espacio y lo espacial tienen una leve distinción, tan sutil que solo se puede observar si tomamos en cuenta el sentido mismo de lo temporal; que a su vez forma parte de la experiencia. Esto nos sirve para fundamentar la idea de que en la construcción del mundo humano, la realidad es la intervención de dos substanciales elementos: el espacio y el tiempo; y como su intervención es en conjunto han de determinar la extensión de la espacialidad, su tiempo y más, la temporalidad del espacio; un proceso que produce la actual interpretación de la experiencia y de ahí mismo, la experiencia de lo espacial.
La relación de lo espacial y lo temporal es a través de un compleja unión de conceptos, ya que hace referencia al transcurso del tiempo subjetivo que no es lo mismo que la extensión o duración de este tiempo concreto, ni medible con un reloj. Es en una sutil distinción conceptual, es decir lo temporal vivido, y el tiempo medido. Es de esa manera que la producción arquitectónica; no solo debe satisfacer a la demanda espacial de lo concretamente útil; sino que es necesario la temporalidad de lo deseablemente placentero o que es lo mismo: Lo espacialmente habitable.
7. Y de la reflexión sobre el nombre del espacio
Por último nos queda hacer una reflexión del por qué los conceptos de espacio que actualmente utilizamos sin pudor, nos manifiestan que están anclados a la interpretación cultural y a la evolución del término mismo; de una época antigua, medieval si se le quiere llamar así, donde la lengua del latín todavía no se le consideraba muerta, la percepción del espacio era sustentada en una frágil estructura cognitiva, de carácter mágico-mítico.
De manera curiosa ya se entendía que era una simbólica condición del antes; que en la estructura de la corporalidad del ser humano, es el centro, lo dentro, o las interioridades y lo espacial es parte simbólica del lugar en un después. La noción que existe en los textos de conceptos, nos dan a entender que el espacio corresponde a la realidad física, a la existencia concreta y tangible; y que lo espacial, es su mera, subjetiva y consecuente conceptualización, y abstracción mental.
Así entendemos que el término latino spatium además de significar: recipiente, contenedor de eobjetos existentes, periodo de tiempo o lugar; ha derivado a múltiples conceptos como el de espaciar, lo espacioso y lo espacial, expresando datos de tamaño y proporción. La idea cercana de lo espacial y lo temporal pueda representar, que tan rápido o lento es esa espacialidad, lo cual nos llevaría a concluir que la espacialidad tiene que ver conuna actitud de calma o placidez, que debe ser contemplada en la producción arquitectónica.
Antes de embarcarnos a contemplar y analizar la problemática de falta de estrategias de enseñanza, que existe dentro de la enseñanza de los talleres de proyectos en la academia de arquitectura; debemos poner en claro o de ser posible, en duda, lo que entendemos por estrategias. Tomada de distintos diccionarios, la palabra estrategia es un arte, orientada a dirigir, planear, concebir y preparar las acciones de las milicias en situaciones conflictivas, de discordia, de pelea, hostilidad y competencia. Es el Arte de la Guerra.
Podemos entonces hacer una comparación de este arte con el Diseño Arquitectónico, ya que los problemas reales a los que se enfrenta y sus modos de desempeño, algunas veces para entenderles deben contener una singular estrategia, dentro de una situación de lucha o competencia (una sui generis guerra) y probablemente en la academia del pensamiento proyectual no cabe esta simple noción de estrategia.
La estrategia, considerada también el arte de maniobrar, es decir de efectuar manipulaciones para lograr producir un determinado fin. Esto aplicado en el Diseño Arquitectónico, nos lleva a un muy determinado fin y nos lleva a maniobrar con una evidente o disfrazada intención, con astucia para lograr ese tan determinado fin. Para pensar en el fin en relación con el diseño arquitectónico y su tan necesaria estrategia proyectual, es necesario responder en cómo se interpreta a sí mismo el proceso y el desempeño del que identificamos como, el diseñador.
Según sugiere Manfredo Tafuri, en sus Teorías e Historia de la Arquitectura, ese fin no ha de ser la obra ya construida, sino lo intangible que resulta de su amplio y extenso uso, eso que es la inefable cualidad arquitectónica; la habitabilidad.
La estrategia, que tiene como sinónimo la táctica, es el tipo de procedimiento para dirigir y coordinar acciones, las cuales desempeña en nuestro caso, el arquitecto; al cual podemos otorgarle el concepto de: “Persona versada que concibe, planea y prepara la estratagema.” Dicha persona capacitada, debe plantearse un problema de diseño, para su interpretación precisa y probable concepción; es decir, él da la visión de la totalidad del proceso, que previsiona las teorías, los conceptos, las cualidades y las categorías, hace producir la forma de una obra arquitectónica.
Debemos estar conscientes que las estrategias, representan al ámbito donde se define el sentido de las identidades ideológicas; es donde se generan las posturas y las interpretaciones. Dentro de la producción arquitectónica, y en su práctica proyectual, se puede traducir como la orientación cultural e histórica del proyectista, su ideología, su filiación política y su capacidad financiera, al igual que su abertura a la transformación tecnológica y su resistencia al éxito o al fracaso.
En La ideología del poder y el poder de la ideología, Göran Therborn sugiere que un ámbito natural de la estrategia es el campo general de la producción; la lucha de clases, lucha económica y política, es el ámbito de la totalidad de las relaciones productivas y de las adversidades sociales. Tenemos de ejemplo a Sun Tzu, que ha sido maestro de la estrategia para los clásicos estados esclavistas, del cual se han experimentado la estrategia del poder; o Maquiavelo, que frente a situaciones de discordia se ha manifestado como un habilidoso admirador del arte de conseguir un fin determinado.
Pero, hay de estrategias a estrategias; entonces ¿Por qué no puede haber para el desempeño del diseño arquitectónico? ¿Y para la práctica proyectual? ¿Por qué no puede haber una consistente estrategia para la enseñanza/aprendizaje en nuestra Academia? Podemos pensar, que ese tipo de estrategia (orientada al desempeño de la didáctica avanzada) nos puede llevar a la teorización de una muy singular y tensa planeación del proceso del ejercicio proyectual. Algunas teorías del diseño arquitectónico, se han desempeñado históricamente en la táctica, y otras como algo inocuo, idealizador y ajeno a la estrategia misma.
De Hanno Walter Kruft, y su Historia de la teoría de la arquitectura podemos entender que en el desempeño de la producción del proyecto, una teoría debe ser una guía directora; y tendrá que poseer una sólida y respetuosa estructura histórica y ser coherente con ella. En nuestra Academia, existe un frágil ejercicio estratégico de la teoría, de los cuales podemos reconocer los confusos enfoques con respecto a la ejecución de la obra arquitectónica, con finalidades genéricas de los destacados Enrico Tedeschi, José Villagrán García y Tulio Fornari.
El nuevo concepto de estrategia se debe al sentido de competitividad, colectiva, empresarial y personal; que bien puede ser propio de la actual forma de producción arquitectónica. De todas formas no podemos negar el significado de estrategia como algo longevo, ya que Sun Tzu lo define como el Gran trabajo de la organización en situaciones trascendentes, de lo que podemos suponer que existe un gran problema en la forma de producir, es la supervivencia y el riesgo de la extinción de nuestra obra.
Los cinco fundamentos del desempeño y las condiciones son: La forma, la naturaleza, la situación, el liderazgo y el arte. La estrategia (que si observamos desde un inicio no tiene nada que ver con el complejo ejercicio proyectual de la arquitectura) es, en sí un proceso regulable, un conjunto de normas que ante el azar deben ser maleables, adaptativas, adecuables, circunstanciales y cautelosas. El significado de estrategia proyectual es cercano a los métodos tradicionales de la práctica proyectual y ha de definir la secuencia de las diversas actividades específicas del proyecto.
Es por eso que debe preverse que hay estrategias generales y particulares en el Diseño Arquitectónico; por lo tanto el diseñador debe generar tácticas como determinador de la forma de los objetos; y ser adiestrado en todas las fases y aspectos básicos y acciones de los procesos del oficio proyectual. Ha de formarse en el diseño, y capaz de generar estrategias específicas e integrarlas como agentes de esa complejidad. Y al igual que en la selección natural darwiniana, el arquitecto debe ser el más apto para la formación y la producción arquitectónica, no solo para los simple y el directo desempeño de lo que se percibe sino también para prever con precisión lo que se necesita o desea; la relación lógica del qué se necesita, el para qué que corresponde al uso, el con quién se trabaja, dónde refiriéndose al entorno, cuándo en qué tiempo o momento y duración; cuánto de que dimensión o complejidad, cómo concretarlo o producirlo, con qué materiales o lo factible del proyecto.
Entonces ¿Cuál será la estrategia para esa capacitación? Rafael Moneo, en Inquietud teórica y estrategia proyectual en la obra de ocho arquitectos contemporáneos; propone esta noción de estrategia como los mecanismos, paradigmas y artilugios que aparecen con recurrente insistencia en la obra de estos arquitectos. Insiste en que el uso de estos artilugios se ha desempeñado para darles una incisiva figura a los objetos construidos. En sus plantas, fachadas, cortes y con el despliegue de formas diferentes con una codificación arquitectónica individual.
De ese grupo de estrategas podemos encontrar a James Stirling que representa el vínculo de las vanguardias sesenteras y el lenguaje complejo. Robert Venturi y Aldo Rossi, ambos proponen una nueva lectura de lo construido como una nueva noción cualitativa de la contextualidad. Peter Eisenman, que propone el avance de la literatura filosófica al pensamiento proyectual. Álvaro Siza y Frank Gehry, en una sutil contradicción de las estrategias arquitectónicas pasadas, sustentada en la explicación de la producción material mediante la obra. O a Rem Koolhaas, el promotor de la alteración radical del producto de las teorías tradicionales del diseño, y propones que esta alteración está dentro de la práctica proyectual; donde propone una liberación de las posturas teóricas contemporáneas y la irreverencia conceptual. O por último a Herzog & De Meuron, de quienes su principal línea de expresión arquitectónica se vincula de manera estratégica a la experiencia del arte pictórico y del consumo minimizado de recursos formales. “Esto nos hace creer que hasta los arquitectos más emprestigiados deben su genialidad a la utilización de esas refinadas y originales estrategias proyectuales.”
No podemos considerar la noción del espacio como base dentro de nuestra percepción (incluyendo la anchura, altura, y profundidad), ya que siendo una noción moderna donde se trata de explicar como una determinación del universo tridimensional en el que nos desenvolvemos.
Esto nos lleva a una crisis del espacio y por lo tanto del lugar (cualquier lugar); en donde podemos ver un aporte o modificación de su concepto gracias a la teoría de la relatividad de Einstein, donde la asocia de manera inseparable con el tiempo y lo convierte en una forma cambiante dentro de los parámetros de espacio/tiempo.
Todo el estudio que desató este nuevo modelo de referirse a la interrelación del espacio y tiempo, da en la modernidad del campo arquitectónico una noción en la que se establece que la idea principal de la arquitectura es la creación de espacios, de donde tenemos un sinfín de posibilidades que las ciencias nos aportan.
Es Adolf von Hildebrand, quien nos muestra que la percepción del espacio es la que determina la experiencia de nuestras visiones lejanas y cercanas, al menos en el espacio artístico y especialmente en el entorno escultórico.
Podemos decir que la noción de espacio arquitectónico, es una guía adoptada por la cultura, donde se propone que el espacio no es un dato inicial, es el resultado de la intervención del arquitecto, donde la propuesta arquitectónica es punto de partida.
Es decir, el espacio y toda su infinita gama de experiencias de tiempo y espacio eran la consecuencia, no la causa en un mundo en el que todo se vuelve relativo y no solo para las matemáticas sino para la filosofía, la psicología y las ciencias biológicas. La creatividad espacial, por su parte es producida fundamentalmente por mecanismos psicológicos.
Esto quiere decir que la visión (remota o cercana) a su vez con el tacto y el movimiento del cuerpo, generan condiciones que provocan experiencias distintas y especiales en la producción de nuevos espacios, mediante el juego que se tiene con los elementos de percepción humana.
Aquí el autor hace la comparación de corrientes como el surrealismo en donde las condiciones perceptivas son alteradas y monitoreadas para obtener nuevos elementos de diseño estéticos. De la misma manera, la arquitectura se abre camino hacia la exploración espacial mediante las vías psicológicas del sujeto.
El existencialismo por su parte propone que la arquitectura está referida a condiciones particulares, dadas por un espacio y un tiempo precisos. “La tarea de la arquitectura es la edificar lugares para el habitar.” máxima con la que no estoy totalmente de acuerdo, ya que hace falta mencionar que cada una de esas edificaciones tiene un problema de diseño por resolver, particulares que deben satisfacer tanto a la expresión del diseñador como a quien la habita.
Es por eso que no hay esencias universales, sino particulares y concretas, tampoco hay experimentos arquitectónicos de tipo general. La arquitectura, es la guarda de las condiciones que nos da un lugar en donde su expresión es a través de límites en cielo y tierra, que se hacen visibles y nos dan cualidades de la existencia de un lenguaje propio. Es por eso que no se pueden hacer lineamientos generales, por el contrario, surge de luces y sombras, de imágenes e historia que existen mucho antes de la misma arquitectura.
Es el Movimiento Moderno, a través del existencialismo difuso en donde el pensamiento arquitectónico con pequeños deslizamientos conceptuales con un fundamento radical que hacen la cultura de los años cincuenta y sesenta. ¿Pero como es vista la arquitectura? Según Christian Norberg-Schulz, historiador y crítico que basa su obra en la inspiración hedeggeriana, la arquitectura tiene como noción central la actividad de señalar lugares.
Es decir, un lugar es el reconocimiento, el establecimiento de limites y confines de un espacio arquitectónico. Entonces, qué es el Lugar sino lo que corresponde a un concepto que conitnua con el proceso arquitectónico. Nos sirve para descubrir lo existente, en donde la arquitectura comienza a trazar, a iluminar y a crear. El lugar es parte central en la definición de la forma arquitectónica, por ejemplo, Aldo Rossi asegura que la arquitectura es el retorno de formas permanente que constituye la identidad de la obra arquitectónica más allá de los cambios aparentes.
Por otra parte, en la arquitectura llamada deconstructivista, la descomposición, distorsión, el desplazamiento y la ambigüedad son una reacción al orden estructuralista, a su agobiante presencia de arquetipos y a la continuidad como valor en el espacio y conciencia histórica.
Este tipo de arquitectura es una consecuencia de liberar las energías negativas y destructivas, en donde la ausencia de principios se convierte en angustiosa que solo son sobrellevadas por las manifestaciones privadas de rechazo e individualismo.
El formalismo hueco del Deconstructivismo, enfrenta el desorden, la ruptura y la dislocación de las cosas. Es una metáfora del vacío que tiene que ver con desiluciones políticas, religiosas y personales.
¿Tiene nombre el lugar? ¿Es fijo? ¿Es habitable el lugar? ¿Acaso es una cadena continua: habitar, ordenar, construir?
La noción de lugar también la podemos ligar a la noción del tiempo, es el fundamento que pertenece a culturas que encuentran la identidad luchando contra el paso del tiempo. Pero además de eso existe la cultura del acontecimiento. Podemos decir que el acontecimiento es una vibración en donde el caos de la fluidez y la descomposición de una cultura generan elementos para construir, desde el presente hasta el futuro.
El acontecimiento es la ondulación de un elemento, un momento armónico que permanece antes de desaparecer; pero también un punto de encuentro, en donde los recorridos se cruzan y crean elementos que emergen. Finalmente, el acontecimiento, es el resultado de la acción de un sujeto el cual a mitad del caos, recolecta los elementos más atractivos y los retiene. Una frágil plenitud.
Es de esta manera que desde la indeterminación esencial del mundo moderno, conflictivo y cambiante; el arte abre espacios de intensidad visual, sonora o emotiva en busca de una experiencia desnuda de referencias. Solo la intensidad del choque caótico garantiza la obra de arte de vanguardia.
Podemos afirmar, que sigue siendo posible la producción del lugar. No proponiendo arquitectura efímera, sino como la producción de un acontecimiento. No es un suelo, o un conjunto de imágenes, es la fundación de un ritual del tiempo, en el tiempo que el arquitecto contemporáneo debe tomar para sí, donde fije un punto de intensidad propia en el caos universal.
La llamada teoría del diseño, en conjunto con la actividad que nos proporciona un objeto final. ¿Pero qué es la teoría del diseño? ¿Es acaso un lenguaje abstracto que nos acerca a la acción? José Luis Ramírez, hace una analogía del pensamiento teórico y lo compara con una cebolla, no solo por el hecho de que esté constituida por capas, y que cada una de ella es independiente de su predecesora, sino por que a su vez cada una es el soporte de la anterior y nos ayuda a formar un objeto concreto.
Una teoría del diseño debe aplicar los mismos principios; ser independiente de su forma integral y ayudarnos a ver como es que conforma un objeto, pero a su vez no puede mostrarnos un diseño en general.
Es como el pensar, no se puede pensar por pensar, sino que se convierte en la acción abstracta a través por la cual el acto de pensar se relaciona con un objeto concreto. Podemos decir que todo lo abstracto puede verse a través de algo concreto o con una afirmación concreta.
Todo lo existente es concreto, mas lo abstracto existe no como actividad concreta sino como objeto del pensamiento. El diseño por ejemplo, no existe por sí mismo ya que uno diseña cosas concretas, esa es la función de las teorías del diseño, pero a su vez se enfocan en algo en particular y no en el diseño en general.
Entendemos que las teorías tratan lo abstracto y lo general, pero, nos ayudan a realizar cosas concretas y no solo hablan de ellas sino como se hacen.
Concretación-abstracción
La teoría del diseño debe ser abstracta (en cierto nivel) ya que nos pide despojarnos de lo específico y debe explicar que quiere decir por diseñar en cualquiera de sus campos particulares donde aplique sus términos sin hacer diferencias entre ellos.
Lo que se dice y como se dice nos dan una pauta para diferenciar los aspectos de una teoría; es el saber lo qué un cómo es.
El diseño lo entendemos, no con el resultado de su proceso sino a través del modo en qué son hechos y en cómo se describen.
Materia y forma
Las características de las formas de diseño particulares (arquitectónico, industrial, gráfico… etc.) solo nos pueden ayudar a ilustrarnos con sus características parte de lo que es el diseño en sí.
“Entender el diseño es comprender cómo podemos realizar construcciones materiales de diferentes espacios… a partir de representaciones inmateriales generales.”
La idea del diseño y su conformación es el cómo y su materialización de una forma pensada es. La teoría es un ser concreto que hace referencia a lo abstracto; es decir, es lo que dice mas NO es su expresión lingüística, es por eso que la teoría del diseño podría indicarnos cómo es posible crear objetos pero no cómo crearse la teoría por sí misma.
Toda formulación de una teoría del diseño es un ejemplo concreto de diseño de una teoría, afirma Ramírez donde nos propone que una teoría del diseño que no advierte su propia creación deja ser crítica hacia el diseño mismo.
El conocimiento mediante la acción es fundamental para una teoría enfocada al diseño, pues esta misma es la única que nos puede explicar lo que se refiere por el diseño.
Podemos asumir que el diseño es una actividad con la que le damos una expresión formal a lo inmaterial, contrario de la teoría que nos da una sistematización para saber algo, eso nos hace ver que la teoría del diseño expresa cómo y qué podemos saber acerca del diseño.
Modelo-actividad
La palabra teoría podemos entenderla desde dos significados:
a) Es un sistema, donde las afirmaciones que la conforman son acumulables y pueden ser enseñadas. Lo que la convierte en un modelo.
b) Es una actividad, que nos ayuda a formar nuevos sistemas de afirmaciones que pueden ser acumuladas y enseñadas.
Es por lo tanto claro que para que exista la actividad es necesario que exista un modelo de enseñanza que provea de los medios para que se realice y a su vez, la generación de un modelo de enseñanza necesita de una actividad generadora.
“Tenemos pues que imaginar una actividad primaria, que tuvo lugar sin modelos preconcebidos: En principio fue la acción.” Eso nos da a entender que sin actividad teórica, no podría existir teoría alguna.
Poiêsis-praxis
Los conceptos aristotélicos, tales como Theória (investigación), Poiêsis (producción) y Praxis (acción); considerados como actividades y en la actualidad son tomados en conceptos intelectuales y profesionales, como lo es el resultado la actividad teórica.
El fin y el proceso no se dan en la actuación productora al mismo tiempo. Es solo hasta que el proceso de producción ha terminado cuando el fin aparece. Eso quiere decir que la actividad es fundamental para encontrar la esencia de lo que se busca hacer o lograr. Eso nos pone a la mano que la acción creadora de sentido no es un proceso sino el fin de la búsqueda.
Es fácil que perdamos la esencia de aquello que investigamos, pues muchas veces pensamos que el sentido de la búsqueda es el fin, más no caemos en cuenta que el sentido la acción que nos ayuda a formular el fin al que deseamos llegar.
Entonces, el razonamiento práctico no anula al teórico, por el contrario lo fundamenta y amplia. La teoría del diseño no intenta abarcar lo verdadero sino lo bueno; trata de explicar como se hace una cosa, no lo que es. Un objeto no es verdadero o falso, sino mejor o peor hecho.
Teoría-praxis
Dentro de la creación de una teoría del diseño, el concepto de TEORIA/PRACTICA solo promueve la confusión, ya que la actividad y los medios con los cuales se hace dicha actividad, son las que nos proporcionan el modelo teórico o dogma. Esto hace que le demos vuelta a ese concepto y lo sustituyamos por la ACCION con sentido y la ACTUACION productora por lo tanto tenemos:
ACCION CON SENTIDO (arte)
ACTUACION PRODUCTIVA => producción simbólica (teorías) y producción de objetos de uso
Dentro de esta definición, podemos encontrar que el arte es una actividad que no está orientada a un uso específico, sino es la expresión de su creador, ¿Por qué? El arte y el lenguaje son lo mismo. Y la producción de objetos de uso es compatible con la creación artística aunque no sea lo mismo. De esta manera concluimos que:
1. Una teoría dogmática del diseño es aquella que nos describe cómo un sistema de pensamiento es aplicado a un objeto concreto, es el diseño de algo.
2. Una teoría zetética del diseño, es la que nos explica o nos hace comprender la manera en la que se crea.
La teoría del diseño es en términos más generales, cómo la realidad se produce y las ideas que la forman aunadas con la experiencia, dan forma a la realidad palpable en el entorno.
Partimos de unas simples preguntas: ¿Qué es el Diseño Arquitectónico? ¿Qué lo conforma? ¿Cuál es la definición o para que sirve?
En una declaración personal, el Diseño Arquitectónico es el conjunto de expresiones, materiales, que se materializan en volúmenes, intersecciones de figuras, el diseño es cambiante, es innovador y evoca sentimientos a través de su composición, así como la música y la poesía; la arquitectura genera y expresa deseos por medio de formas habitables.
El diseño puede ser complejo y a su vez manejar simplicidad cargada de mucho significado abstracto; o puede ser de volumetría simple pero que evoca una complejidad interior que a simple vista no es posible apreciar. Es un juego de cuerpos que pueden tener como base principal una función, o viceversa.
Pero ¿sirve para algo? La arquitectura, más que una herramienta para solucionar problemas y necesidades de habitabilidad, más que un conjunto de piezas que ocupan un espacio material o constructivo, puede ser también la expresión de una cultura, de una historia del sitio o evocar aspiraciones sociales de quien la habita. La arquitectura puede ser empleada para suplir necesidades espaciales, más no es del todo lo que pretende abordar. Tiene un impacto social, y urbano.
¿Y qué hay del proyecto arquitectónico? No es sino una proyección con la que queremos como arquitectos interpretar, formalizar y consolidar ese deseo de una forma construible. Son papel y tinta, en esencia.
¿Quién ocupa, quien habita la arquitectura? El llamado “usuario” (individuo, habitante, cliente… entre otros), que es una representación informal del individuo que puede llegar a establecerse en la obra de arquitectura, no hace referencia a un ser en particular o de características específicas mas que el de estar presente de manera eventual o permanente en la forma arquitectónica; puede ser una persona, un animal, una obra de arte, un crítico de la arquitectura, un comensal o un peatón que pasa por enfrente de la edificación.
Entonces podemos resumir que de cierto modo, el diseño arquitectónico es la formalización espacial de una idea que puede palparse en un producto que se le puede llamar “objeto” o “cosa”, que no es necesariamente útil para la satisfacción de necesidades de espacio habitable; sino también un componente que ocupa un lugar en el contexto urbano, compuesto por volúmenes, texturas, materiales que a su vez expresan un deseo proyectado en papel como interpretación y posible ayuda para su edificación final.
Nota: Este es un ensayo basado en esta publicación.
En este escrito, el Arquitecto Italiano Vittorio Gregotti, nos hace recapacitar sobre la idea que tiene del proyecto, dada por su noción material, no queriendo referirse como “material” a los elementos que usamos para construcción sino como a un conjunto de ideologías y recursos que se integran a la realidad.
La manera en la que se materializa un proyecto, una idea, no solo son una serie de trazos sin orden aparente. Tampoco es a través del copiar algún estilo que esté de moda, ni mucho menos de un estudio detallado a base de diagramas, eso no es un proyecto.
El proyecto, más que un conjunto de elementos que ocupan un espacio, es la manera en la que se hace realidad un deseo propio por satisfacer.
En el proyecto arquitectónico; esos deseos son aquellos que organizan y fijan los elementos de algún problema por resolver, los cuales a través de la composición establecen una estructura relacionada con aquello que se va a edificar por medio de la proyectación.
Existe un proceso para elaborar proyectos del tipo arquitectónico, es a través de una serie de aproximaciones con las cuales se puede convertir en nuevas formas de proyectar.
Es por eso que uno debe tener claro cuál es el resultado que desea. De ahí la importancia de nunca empezar a proyectar sin saber que es lo que quiere obtener. Entonces podemos entender que el proyecto arquitectónico, no es arquitectura por si mismo, ya que solo consta de un conjunto de simbologías que pretenden hacer comprender la intención del proyecto y sus alcances.
Esto nos hace reflexionar sobre cuál es la función del diseño; si es un paquete de diagramas y notaciones que caen en lo convencional, o si puede llegar a ser un elemento dotado de autonomía que genera un razonamiento estructurado.
Del mismo modo podemos esclarecer cuál es la relación entre la investigación científica y la investigación proyectual de la arquitectura, si tomamos en cuenta que las ciencias toman dos direcciones o particularidades (hablando de la arquitectura en particular) que van ampliando su campo a las actividades artísticas. Una de ellas ayuda a comprender la realidad en la que se desenvuelve y contemplar su evolución y comportamiento.
Esto nos sirve para hacer una conexión entre la arquitectura junto a sus componentes, en su mayoría del tipo artístico, con un desarrollo estructurado de investigación que la une a distintas disciplinas.
La relación que existe entre el proyecto arquitectónico y la investigación científica se puede concretar mediante dos premisas: Creando métodos racionales para generar eficiencia en los proyectos, y comprobar mediante métodos científicos la relación que existe en los aspectos que formarán un proyecto terminado (conexiones internas y externas).
De todo esto podemos tomar dos fases para componer la acción de proyectar; una que conecta al proyecto con la historia y generan la forma arquitectónica y la otra que organiza la imagen del proyecto hacia la comunicación del proceso de ejecución.
Por otro lado, hay arquitectura que su única función es la de ocupar un espacio, construir un lugar, hacer una cosa… No siempre su intención es la de transmitir algún sentimiento.
Entonces podemos cuestionarnos, ¿Para qué se hace arquitectura? ¿Cómo se materializa la arquitectura de manera correcta? Y si acaso existe solo la forma, fuera de la función o la función que no incluye más que la ocupación de un espacio construido ¿Cuánto afecta al espectador, al crítico de arquitectura, a quienes de alguna manera hacen uso o habitan esa arquitectura? ¿Es entonces la arquitectura hecha solo con el fin de habitarla? ¿qué hay de la complejidad de la forma arquitectónica en relación con la función de habitar?
La complejidad, por ejemplo, depende de los elementos que contiene y la proporción con la cual están distribuidos en la forma de la arquitectura. El color, la textura, la conexión entre cada uno de sus elementos. Es decir, el grado de complejidad es relativo hacia el interior, o si es el caso de ser complejo en funcionalidad, entonces se hace referencia a lo exterior del objeto.
La forma por el contrario, dentro de la arquitectura, más que proveernos de un objeto, comunica a distintos niveles que la función por si misma no podría. Pero, para poder hacerlo, debe existir una relación entre las ideologías y el lenguaje utilizado para generar un simbolismo o un lugar simbólico.
Es decir, la proyectación, es una respuesta al problema del habitar, debido a los distintos niveles de complejidad dimensional que la arquitectura nos proporciona.